Siempre he intentado estar ahí. Siempre. Incluso en aquellos momentos en los que estabas perdida fuera de casa, volviendo cada fin de semana a buscar la protección materna. Siempre tenía un rato para llamarte, escribirte alguna carta o tener un pensamiento fugaz, siempre. Luego te viniste a esta ciudad que nos acoge, y volví a intentar ser tu colchón, encontrando ratos en la noche para ir a tu casa, hablar , jugar a algo e intentar tapar esa soledad que te inundaba meses antes pero que ahora te estaba abandonando. Por fin volvías a sonreír de forma natural. Poco a poco fui dejándote hueco, más espacio y en esos momentos fuiste dejándome de lado. Hasta que “te venia bien” llamarme o quizá no te importaría compartir algún rato conmigo. O de esos mismos ratos sacar provecho personal. Y ahí estaba yo. Y la vida pasó, los años corrieron , las situaciones cambiaron y todas esas soledades de años atrás las tapaste con gente nueva. Yo ya no era válida. En las situaciones que teníam...
Ayer les dieron el resultado de la resonancia. El miedo al final se convierte en realidad. Mierda. Rutina, planes, proyectos, todo se esfuma de golpe. Explicación rápida de qué pasa y cómo solucionarlo. Decisiones más rápidas, sin información. Qué es mejor, qué es peor. No lo saben. Al final deciden la cantidad de tiempo sobre la calidad de ese tiempo. Lo importante es estar juntos, vivir, pasar el bache e intentar tirar p’alante. Aguantar el máximo tiempo posible juntos. Seis, ocho, doce meses...y si se duplican esos meses mejor. No importa la calidad, tiempo es lo que piden a la puta enfermedad, tiempo. Esta mañana hemos ido a verlos. Lágrimas, miedo, desesperación. En ningún momento se atisbaba esperanza. Lo comentábamos, intentábamos obligar a estar bien para ese día, para hacer esto, aquello. Miedo en sus ojos. Y nuestros corazones encogidos, manos apretadas y en algún caso sonrisa hierática para no asustar más al enfermo. La cara dura de la vida. No nos quejemos tanto , ...