Siempre he intentado estar ahí. Siempre. Incluso en aquellos momentos en los que estabas perdida fuera de casa, volviendo cada fin de semana a buscar la protección materna. Siempre tenía un rato para llamarte, escribirte alguna carta o tener un pensamiento fugaz, siempre. Luego te viniste a esta ciudad que nos acoge, y volví a intentar ser tu colchón, encontrando ratos en la noche para ir a tu casa, hablar , jugar a algo e intentar tapar esa soledad que te inundaba meses antes pero que ahora te estaba abandonando. Por fin volvías a sonreír de forma natural. Poco a poco fui dejándote hueco, más espacio y en esos momentos fuiste dejándome de lado. Hasta que “te venia bien” llamarme o quizá no te importaría compartir algún rato conmigo. O de esos mismos ratos sacar provecho personal. Y ahí estaba yo. Y la vida pasó, los años corrieron , las situaciones cambiaron y todas esas soledades de años atrás las tapaste con gente nueva. Yo ya no era válida. En las situaciones que teníam...
pensamientos y tonterías de una locutora, que no lo es